domingo, 22 de junio de 2014

Diagnósticos.

Lo más bonito del hospital son las sonrisas,
las miradas esperanzadoras,
los gestos de cariño,
las historias compartidas
el miedo acorralado
por los superhéroes que lo habitan.

Lo más triste del hospital
son las lágrimas derramadas
y los gritos de dolor,
son las fuerzas perdidas,
sentir que vence la enfermedad
y que te puede la soledad.

Hoy,
al entrar en una habitación de ese bonito y triste hospital
encontré un poco de las dos en una niña que lloraba
recién diagnosticada
y una madre que la sonreía y no paraba de repetir
"no pasará nada".

Y es que ahí dentro
no sólo hay niños fuertes,
también hay súperpadres
con superpoderes
como la fuerza,
la constancia,
la insistencia,
las ganas,
la capacidad de nunca
nunca
dejar de luchar.

Lara no se cree que esté ingresada
y hace a su madre repetir una y mil veces
qué le pasa.

"Estás malita y te vas a quedar un tiempo
pero NO PASA NADA".

No
pasará
nada.

Hay sonrisas que valen más que mil palabras
y que son más fuertes
que cualquier quimioterapia.

Lara seguía llorando
contrariada,
quería creer a su madre,
confiar en su sonrisa valiente,
su abrazo que protege,
sus palabras que arropan,
su confianza latiente.

Me ha eclipsado esa fuerza.
¿Cómo estar tan entera cuando tu vida se ha dado la vuelta?
¿Cómo se sostienen los pedazos de un puzzle roto?

Ella,
súpermadre
y funambulista
a tiempo parcial,
que se tambalea en el abismo
de la enfermedad,
que anda con delicadeza
por la frágil cuerda
de la que ahora pende
todo lo que un día soñó.

Ella,
la que más tarde he visto llorando,
a escondidas,
para que nadie la viera romperse.

Ella,
que es fuerte,
pero no siempre.

Ella,
la de la sonrisa veinticuatro horas,
la de la fuerza de gigante,
la que clama que "no pasa nada",
también tiene derecho a llorar,
también necesita un abrazo,
necesita una sonrisa valiente,
una dosis de fuerzas
y una mano que apriete.

Ella,
necesita creerse
sus propias palabras.

No
pasará
nada.

Carlota

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